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PROYECTO MUSEO DEL AJEDREZ

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María Jesús Lamarca Lapuente

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Museo del Ajedrez

Museo del Ajedrez

Bienvenido/a al sitio web del proyecto Museo del Ajedrez-Casa de Campo. Esperamos que disfrute de la navegación por los escaques de este tablero y que encuentre toda la información que necesita para hacerse una idea acerca de este proyecto. Si necesita más información, no dude en contactar con nosotros.

¿Un Museo del Ajedrez?

Existen tres grandes museos de ajedrez en el mundo: Moscú, San Luis (EE.UU.) y Ankara (Turquía) y otros más modestos en Ámsterdam, Buenos Aires o en pequeñas localidades de Francia, Suiza, Italia o Portugal que ocupan edificios emblemáticos. Los grandes museos generalistas como el Museo Británico o el Museo de Etnología (Viena) también albergan zonas donde el ajedrez ocupa una posición destacada. En los últimos años proliferan las exposiciones y manifestaciones artísticas en bibliotecas y museos donde el ajedrez es el hilo conductor del quehacer cultural, patrimonial, educativo o artístico.

España ha sido un país central para el ajedrez -no olvidemos la celebración en Sevilla del campeonato del mundo de ajedrez Karpov/ Kasparov en 1987 (final que fue retransmitida en directo por TVE y seguida por 13 millones de personas) y desde 1988 es el país del mundo que organiza más torneos internacionales de ajedrez, además de otros muchos torneos locales que se celebran a lo largo de toda nuestra geografía. Desde hace unos diez años, nuestro país se ha convertido en la vanguardia del ajedrez educativo, social y terapéutico y sin embargo, todavía sigue sin darse en este país, la importancia que merece el Ajedrez. 

El ajedrez puede ser considerado un deporte de competición, pero también es un juego que sirve para el entretenimiento y el ocio, es una excelente herramienta educativa y pedagógica, un instrumento que fomenta las relaciones sociales, un medio de integración social y un lenguaje universal que no conoce fronteras. 

El ajedrez, que nació como un juego propio de la realeza, la Corte y la nobleza, ahora es practicado por 600 millones de personas aficionadas en 188 países –sólo el fútbol y el atletismo superan en número a los socios de la Federación Internacional de Ajedrez (FIDE).

Ningún juego se halla tan extendido como el ajedrez y, a la vez, goza de más prestigio. El ajedrez es un medio de acercamiento social entre personas, culturas, generaciones y civilizaciones desde oriente a occidente, de norte a sur, del pasado al presente. 

Históricamente, nuestro país ha sido clave en su desarrollo. Sevilla se jugó en una partida, según las crónicas medievales. La primera referencia explícita al juego de ajedrez en Occidente es hispana, un testamento fechado cerca de La Seu d'Urgell en 1008. El primer Reglamento del Ajedrez Antiguo, de estilo árabe, fue codificado hacia 1140 en forma de poema por el rabino Abraham Ibn Ezra, matemático, filósofo y astrónomo nacido en Tudela. Alfonso X el Sabio compila el códice Juegos de axedrez, dados y tablas (Sevilla, 1283), depositado en la Biblioteca de El Escorial.

En Salamanca, se encuentra el primer tratado sobre las normas modernas del ajedrez, “Repetición de amores y Arte de ajedrez” de Luis Ramírez de Lucena, 1497. Y Zafra, fue cuna de Ruy López de Segura (1540-1580) consejero de Felipe II, autor de la apertura española y del tratado “Libro de la invención liberal y arte del juego del ajedrez” publicado en Alcalá de Henares (1561), uno de los primeros libros sobre ajedrez editados en Europa. El matemático e ingeniero Leonardo Torres Quevedo (1852-1936) inventó El Ajedrecista, un autómata electromagnético capaz de dar mate. Se trata de la primera computadora de la historia del Ajedrez y un icono mundial de la inteligencia artificial. Tanto el primer prototipo del autómata ajedrecista (1912) como el del segundo (1920) se guardan en la Universidad Politécnica de Madrid.

Asimismo, el juego de ajedrez, los tableros y, sobre todos, sus piezas han formado parte del imaginario artístico desde la antigüedad. Los dibujos geométricos, colores, líneas y formas del damero y las formas de las piezas reflejan la concepción del mundo de quienes las diseñan y el concepto de arte en las sociedades en las que se insertan. Se puede seguir la evolución del arte a través de sus piezas. El ajedrez es un juego simbólico por naturaleza y así lo ha recogido el arte, desde el medievo a las vanguardias artísticas.

Los objetos más importantes relacionados con el ajedrez son las piezas de San Genadio. Se trata de cuatro piezas en cinco trozos de hueso (cuerno de cabra) que se guardan en una iglesia de El Bierzo (León) y que se consideran las más antiguas de Europa. La catedral de Orense cuenta con una de las más preciadas joyas del arte islámico medieval, el llamado Ajedrez fatimí (del Egipto medieval) o Ajedrez de San Rosendo, un ajedrez en cristal de roca procedente de San Miguel de Celanova (8 piezas), del siglo X. En San Millán de la Cogolla, Monasterio de Yuso (La Rioja) encontramos la Arqueta de San Felices recubierta por cuatro piezas de marfil con escenas religiosas y tres piezas de cristal de roca con forma de piezas de ajedrez árabe del siglo XI. Y en el Museo de Lleida, también se halla un conjunto de piezas de ajedrez de cristal de roca procedentes de la ex Colegiata de Sant Pere de Áger (Lleida), de origen fatimí del siglo X o XI.

Mención especial merecen el fragmento de una torre de ajedrez depositado en el Museo Arqueológico Nacional y un hallazgo extraordinario para nuestro propósito: un pequeño peón de ajedrez que se encuentra expuesto en el Museo de San Isidro: Los orígenes de Madrid. El primero de estos elementos fue hallado en calle Angosta de los Mancebos, 3 y el segundo en la Cuesta de la Vega. Ambos están ubicados en el contexto histórico-cultural del Califato Omeya, en el Mayrit medieval islámico (siglos X-XII). 

Además, Madrid cuenta con la mayor colección bibliográfica y documental sobre temas y motivos de ajedrez que existe en Europa: la colección de ajedrez de Ricardo Lamarca (libros y revistas históricas, cuadros, piezas, carteles, filatelia ajedrecística, fotografías, relojes, todo tipo de objetos de ajedrez, etc.). Todo este material puede donarse para uso y servicio público con el fin de enriquecer el patrimonio material e inmaterial del ajedrez como parte de la cultura local y universal. Sólo hace falta que la Administración dé cobijo e impulso a un Museo del Ajedrez. Nosotros pondremos los trebejos, pero precisamos un tablero sólido en el que desarrollar esta apasionante partida.

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¡MADRID ES AJEDREZ! 

   LA CASA DE CAMPO

             ¡EL TABLERO!

Brava comparación! Dijo Sancho, aunque no tan nueva que yo no la haya oído muchas y diversas veces, como aquella del juego de ajedrez, que mientras dura el juego cada pieza tiene su particular oficio, y en acabándose el juego todas se mezclan, juntan y barajan, y dan con ellas en una bolsa, que es como dar con la vida en la sepultura. CERVANTES, Don Quijote, parte II, cap XII.

Este proyecto es fruto

 del respeto al patrimonio,

la pasión por los libros y

una infancia entre chiflados

locos de los tableros.

La vocación del servicio público

y el vicio del estudio.

 

Y sobre todo, es deudor,

del amor a mi padre

que vino al mundo, no con un pan,

sino con un peón bajo el brazo.

 

En ocasiones,

la vida es una partida de ajedrez

y el sueño de la razón produce trebejos.

 

Queremos que el pueblo de Madrid

- peones regios-,

prolongue y embellezca esta partida “inmortal”

y acepte este gambito para recreo de propios

e instrucción de extraños.

 

María Jesús Lamarca

 

 

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